Período Neoindio, 1000 a.C.-1500 d.C.

 

Artes, representaciones y dioses

Hasta el presente se han reportado en nuestro territorio 320 lugares con gran número de petroglifos (rocas con grabados), 28 con pinturas rupestres, seis estaciones de conjuntos megalíticos compuestos por menhires (rocas verticales en fila, algunas con grabados) y otras expresiones artísticas rupestres diseminadas por casi toda nuestra geografía. Su ubicación, las técnicas de confección utilizadas, la tipología de las figuras y su vinculación con material arqueológico, permiten suponer que en su gran mayoría son de manufactura prehispánica y que sus autores seguramente fueron recolectores avanzados o agricultores.

Sobre formas teatrales en la Venezuela prehispánica, los datos permiten suponer la existencia de representaciones pantomímicas que quizá reproducían actividades de subsistencia –recolección, caza, pesca– o la imitación de animales, personas, fenómenos naturales y de escenas cotidianas o extraordinarias, para lo que seguramente se utilizaron instrumentos musicales como la elegante maraca del curandero adornada con plumas, o guaruras y tambores cuyos sonidos sirvieron, además, para la comunicación a distancia. Estas representaciones quizás hayan sido un recurso educativo, como seguramente lo fueron las narraciones de acontecimientos que con el tiempo constituyeron el patrimonio histórico oral indígena.

Héroes y dioses indígenas creadores del mundo y los seres humanos; héroes filósofos, maestros y artesanos, representados en expresiones teatrales, grabados en petroglifos o cantados y contados como historia en canciones y mitos. Como el Amalivacá de los tamanacos, caribes del área orinoquense, dador de los elementos necesarios para la vida, con cuyo hermano Vochí creó el mundo y los seres humanos.

O como Urrumadua, venerada entre los achaguas como diosa creadora, junto a Ibarrutua y Jumenirro, nombres de algunas estrellas.